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levis est dolor, si nihil illi opinio adiecerit :
contra, si exhortari te coeperis ac dicere:
'nihil est aut certe exiguum est. duremus:
iam desinet': levem illum, dum putas, facies.
omnia ex opinione suspensa sunt. (Ep. 78, 13.)

Undoubtedly a commonplace (cf. Boethius, II, prose 4, 79 ff.), but the fact that both passages are thrown into direct discourse may, in the light of all that has gone before, be allowed some consideration.

Here, at any rate, are the facts as I have been able to assemble them. I hope it will not be urged against me that I have weakened a good case by citing some parallels which in themselves are of so general a nature as to be of no probative value. But the fact of Chaucer's indebtedness to Seneca needs no further proof; it is merely a question of estimating the extent and the character of the English poet's reactions to the philosopher. And here I hope it will be someone's good fortune to find points which in comparing two rather long works I may have overlooked. Nor do I feel obliged at the moment to offer a theory as to how and in what form the Epistles reached Chaucer. That he read in them fairly extensively and made characteristic use of his reading, and that in one or two places we can understand his thought a little better by referring to its source, is all I ask to have recognized.

COLUMBIA UNIVERSITY

HARRY MORGAN AYRES

EL LAUSO DE GALATEA DE CERVANTES ES ERCILLA'

UNA

NA de las tendencias que hoy nos parecen más extrañas y curiosas en los escritores contemporáneos de Ercilla y que perduró aún hasta muy avanzado el siglo XVII, fué el género de la novela pastoril, en que, bajo nombres supuestos, y vestidos con el traje de pastores, se quiso representar a algunos personajes, de ordinario amigos del autor: tendencia que alcanzó tan vastas proyecciones, que hubo de repercutir hasta en América, donde el poeta chileno Pedro de Oña, por ejemplo, ideó componer una novela de esa índole, que había de tener por asunto las aventuras galantes de don García Hurtado de Mendoza, pues en su Arauco domado, dirigiéndose a él, le decía:

Cuando mejor le sepa dar el corte,
Y si la Parca no me corta el hilo,
Yo cortaré, señor, con otro filo,
Tus venturosos lances en la corte
En traje pastoril, mi propio estilo,
Que en esto, ni será el de cortesano,
Ni bastará tampoco el corte sano.

Pero tan peregrina, aunque característica idea de aquellos tiempos de la literatura, no llegó a realizarla, que ella estaba reservada, aunque para desarrollarla en corta escala, a otro no menos entusiasta apologista del antiguo gobernador de Chile, el doctor Cristóbal Suárez de Figueroa,-" ingenio docto y agudo, si bien procaz y presuntuoso," como tan acertadamente le calificó Menéndez y Pelayo,1-en una de las últimas muestras, bastante mediocre, aunque bien escrita, que alcanzó ese género literario, La constante Amarilis, en la cual se le hace figurar con ocasión de su próximo matrimonio: y luego en los versos en que resume todo su gobierno en Chile y en el Perú, añade, con respecto al tiempo aquél, abandonando ya su rebuscada prosa para trocarla en acentos poéticos, alternativa obligada en tales novelas :

1 Horacio en España, t. II, p. 104.

Viendo que de sus fueros

huyen los corazones araucanos;

y con intentos fieros

remiten al esfuerzo de sus manos

casi oprimir el orbe,

cual hondo mar que las corrientes sorbe:

Al sucesor valiente

de claros y sin par antecesores,

que con valor prudente

domar supieron bárbaros furores,

la sugeción concede,

porque el vencer como el estado herede,

aludiendo con estas últimas palabras a Carlos V y a Felipe II.2 Dicho esto de paso, por lo que interesa al que estuvo llamado a ser el héroe de La Araucana, notemos que Cervantes no escapó a esta corriente de su tiempo, habiendo iniciado, precisamente, su carrera literaria con la publicación de una obra de aquel género, que llamó Galatea y vió la luz pública a fines de 1584. En el prólogo indicó que muchos de los pastores que en ella aparecían correspondían a personajes de verdad,3 y, en efecto, no cabe hoy duda para los críticos de que bajo el nombre de Meliso se ocultaba don Diego Hurtado de Mendoza; el "divino" Francisco de Figueroa, bajo el de Tirsi; Pedro Laynez con el de Damón; Luis Gálvez de Montalvo con el de Siralvo, cual él se había llamado en su Pastor de Filida; y según quería uno de los más notables cervantistas, disfrazado con el de Elision andaría el propio autor, que contaba sus amores con la heroína de la novela, pastora nacida en las orillas del Tajo, que no sería otra que la dama que muy luego después había de ser su esposa; si bien en nuestros días no ha faltado quien con buena's

2 La constante Amarilis, pp. 125–127.

3“... mas advirtiendo (como en el discurso de la obra alguna vez se hace) que muchos de los disfrazados pastores della lo eran sólo en el hábito.

"

4 Fernández de Navarrete, Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, 1819, p. 66: "No puede caber duda, son sus palabras, de que esta fué la verdadera Galatea, así como tampoco puede haberla de que bajo los nombres de Tirsi, Damón, Meliso, Siralvo, Lauso, Larsileo y Artidoro introdujo en aquella fábula a Francisco de Figueroa, Pedro Laínes, D. Diego Hurtado de Mendoza, Luis Gálvez de Montalvo, Luis Barahona de Soto, D. Alonso de Ercilla y micer Andrés Rey de Artieda, todos amigos suyos y muy celebrados poetas de aquel siglo."

razones sostenga que Elisio y Galatea no se refieren ni pueden referirse a Cervantes ni a doña Catalina de Palacios Salazar y Vozmediano.5

Mas en la ficción arcádica de Cervantes hay dos de sus pastores que nos interesan especialmente, cuades son, Lauso, que ocultaría a Luis Barahona de Soto, y Larsileo a don Alonso de Ercilla y Zúniga. Ya lo dijo Fernández de Navarrete y abundan en esta misma creencia (concretándome sólo a Ercilla) Hartzembusch, y Rodríguez Marín, si bien este último, examinando la figuración atribuída en la novela a Lauso, opina que no está del todo probado que ocultara a Barahona de Soto. Testimonios de tal valía parece que deben alejar toda sospecha respecto a la identificación de Ercilla y Larsileo, siendo sólo de sentir que ninguno de esos eruditos nos indique siquiera el más mínimo fundamento de su aserto.8 Si no estamos equivocados, ese fundamento debemos buscarlo, desde luego, en el nombre mismo de Larsileo, que envuelve, al parecer, un anagrama casi completo del de Ercilla, pues con excepción de la o y del cambio de la c por s, ambos se corresponden perfectamente, tal como algo de muy semejante ocurre, indudablemente, entre Artidoro y Artieda; y, en seguida, en la figuración atribuída a Larsileo en la novela. En verdad, ella es tan breve, que apenas si una lectura atenta llega a descubrirla, como que se reduce en efecto a que Lauso compuso una canción, que envió al "famoso Larsileo, que en los negocios de la corte tiene larga y ejercitada experiencia," y que esa canción "fué tan celebrada de Larsileo cuanto bien admitida de los que en aquel tiempo la vieron."9

5 Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, p. 118, nota 1.

"... otros poetas intentaron disfrazar la sociedad con el traje de pastores. Cervantes quiso, además, retratar de intento a determinados personajes. Bajo los nombres de . . . Larsileo quiso celebrar a don Alonso de Ercilla. . . Prólogo al tomo I de la Colección de Autores Españoles de Rivadeneyra.

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El Loaysa del Celoso extremeño, p. 317. "Persuadido estoy también... de que Larsileo y Artidoro son Ercilla y Rey de Artieda. . . ." Barahona de Soto, p. 119, nota 1.

8 En la nota 145 de su citado libro, Fernández de Navarrete ofreció que en el análisis que se proponía hacer de Galatea tendría ocasión "de correr el velo a los hechos y personajes verdaderos que se ocultan ingeniosamente entre las aventuras y pastores de aquella novela," lo que al fin no verificó.

9 Página 137 de la edición de Baudry, París, 1841, que es la de que dispongo y continuaré citando.

Tal es la única vez en que aparece Larsileo mencionado en la novela. ¿Bastan el calificativo de "famoso" que se le da y el de haber sido muy versado en los negocios de la Corte para que podamos llegar a identificarle con Ercilla? Ciertamente que no. Circunstancias son ésas que tanto pueden convenir a Ercilla como a otros y no implican de por sí algo peculiarísimo a nuestro poeta, como las hay en la novela si se estudia la figura de Lauso, cuyas caracteristicas, si así podemos llamarlas, se avienen muy de cerca con las del autor de La Araucana, y tal es lo que vamos a intentar poner de manifiesto.

Antes, sin embargo, recordemos como antecedente que no carece de importancia para explicarnos el que a Ercilla se le representase en la novela, que en ella, en el Canto de Calíope, el príncipe de los ingenios españoles, después de mencionar a don Alonso de Leiva, prosigue así:

Otro del mismo nombre, que de Arauco
Cantó las guerras, y el valor de España,
El cual les reinos donde habita Glauco
Pasó, y sintió la embravecida saña;
No fué su voz, no fué su acento rauco,
Que uno y otro fué de gracia extraña,

Y tal, que Ercilla en este hermoso asiento
Merece eterno y sacro monumento;

dando con ello testimonio del modo en que entonces reconocía sus méritos, cuando el poeta no había dado aún remate a su obra y ya su genio se veía consagrado a la posteridad por el mismo que años más tarde lo había de repetir por boca del Cura en el escrutinio de la librería de don Quijote, colocándo La Araucana en el lugar a que tenía derecho entre las epopeyas castellanas; haciéndonos saber, a la vez, que conocía la vida aventurera de su autor y de manera indirecta la amistad que con él le ligaba desde los días de la campaña de Portugal y continuada sin duda después entre ambos en Madrid.

Mediaba ya en esto un precedente para que Ercilla pudiera ser incluído por el autor de Galatea entre los pastores llamados a figurar en ella.

Queda ya dicho que Rodríguez Marín se inclinaba a desechar la opinión de los que en Lauso creían ver a Barahona de Soto, fundado en que "no le convienen de modo alguno,—son sus palabras,

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