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Hebras de sus mejillas transparentes.
Con blando soplo esparces y retiras:
¿Por qué á la rosa y al jazmin aspiras
Desde el coro de perlas de sus dientes,
Pudiendo reparar mis accidentes,
Cuando en su dulce anhelito suspiras?
El humor de sus labios purpurantes
Para criar aromas bebe Apolo

Del alba ministrado en los diamantes:
Porque respira tan fragante Eólo,

Que ganára un millon tratando en guantes,
Pues fueran de ambar con el soplo solo.

X I.

¡Tanto mañana y nunca ser mañana! Amor se ha vuelto cuento, ó se me antoja: ¿En que region el sol su carro aloja Desta imposible aurora tramontana? Sígueme inutil la esperanza vana, Como ave zorrera, ó mula coja, Porque no me tratára Barbarroja De la manera que me tratas, Juana. Juntos Amor y yo buscando vamos Esta mañana ¡o dulces desvaríos! Siempre mañana, y nunca mañanamos:

Pues si vencer no puedo tus desvíos, Sáquente cuervos destos verdes ramos Los ojos... pero no, que son los mios.

XII.

Luciente estrella, con que nace el dia, Que el oscuro crepúsculo interpreta,

Alma venus gentil, luz que sujeta
Cuanto mortal naturaleza cria:

Dulce dispara á la enemiga mia
Flecha sutil en forma de cometa:
Asi de trino estés con el planeta,
Que parece español en la osadía.
Si sales á la tarde en el safiro,
Purpúreo ya, si al alba en oro y grana,
Siempre me ves en un mortal suspiro:

¡O dulce hasta del cielo envidia humana! Pues siempre al lado de tu sol te miro, Tú á mí jamas al de mi hermosa Juana.

XIII.

Picó atrevido un átomo viviente
Los blancos pechos de Leonor hermosa;
Granate en perlas, arador en rosa,
Breve lunar del invisible diente.

Ella dos puntas de marfil luciente
Con súbita inquietud bañó quejosa,
Y torciendo su vida bulliciosa,
En un castigo dos venganzas siente.

Al espirar la pulga dijo: ¡ay triste!
¿Por tan pequeño mal dolor tan fuerte?
¡O pulga, dije yo, dichosa fuiste!

Deten el alma, y á Leonor advierte,
Que me deje picar donde estuviste,
Y trocaré mi vida con tu muerte.

NOTICIAS

DE LOPE DE VEGA.

Nació en Madrid en 25 de noviembre de 1562. Desde sus primeros años dió indicios del feraz ingenio que debió a la naturaleza; y niño componia versos que trocaba por juguetes de sus condiscípulos. A los doce años habia ya estudiado las Humanidades, y era diestro en todos los adornos de una educacion liberal como la danza; la música y la esgrima. Viéndose huérfano y desvalido, entró primeramente en la familia de D. Gerónimo Manrique, obispo de Avila; y despues sirvió de secretario al duque de Alba. Fue casado dos veces, y á la muerte de su segunda muger se hizo presbítero, y entró en la Congregacion de sacerdotes naturales de Madrid. Su vida hasta entonces atenida á lo que le producian sas comedias y sus demas escritos, y agitada con las vicisitudes de su fortuna inquieta, tomó una situacion mas sosegada, y su reputacion y su gloria llegaron á la mayor altura á que puede aspirar un escritor. La fertilidad singular de su ingenio y la muchedumbre inmensa de sus obras ocupaba y espantaba la imaginacion de sus contemporáneos que le miraban como un prodigio. Tenido por un oráculo, las gentes se paraban á verse y señalarle por las calles; venian muchos á Madrid por solo conocerle, y para calificar una cosa de buena se adopto generalmente el modo antonomástico de decir que era de Lope. El papa Urbano VIII le escribió una

carta de su puño confiriéndole el grado de doctor en teología, y dándole el hábito de San Juan en agradecimiento del poema La Corona trágica que le habia dedicado. Sus riquezas no fueron menores que su fama, y él vivia con opulencia en la misma calle en que Cervantes, casi desconocido, pasaba una vida ociosa y pobre. Vivió hasta el año de 1635 en que murió á la violencia de una enfermedad aguda, de 73 de edad: y su entierro se hizo con la mayor solemnidad y pompa á costa del duque de Sesa su testamentario. Sus obras, sin contar las dramáticas, que á juicio de sus contemporáneos llegaron á cerca de dos mil, componen diez y nueve tomos en 4. de la edicion que Sancha ha publicado en nuestros dias.

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CANCION Á FELIPE II. Con motivo de las fies tas que este Monarca celebró en la canonizacion de San Diego, el poeta le vaticina el mismo honor, y hace su apoteosis en vida, al modo que Horacio y Virgilio hicieron la de Augusto, el uno al frente de las Geórgicas, y el otro en varias de sus odas. No examinaremos aqui si las cualidades de aquel Rey merecian semejante alabanza, y si ésta por inmodesta y excesiva no debió ser usada por Lupercio, ni menos consentida y aceptada de Felipe, Estas son cuestiones que pertenecen á la moral y á la historia, y nosotros aqui no somos mas que humanistas.

Prestándonos pues como tales á la intencion y objeto del poeta para calificar su composicion, vemos que la idea principal que le sirve como de base es tan grande como sencilla, y que el autor la desenvuelve y enriquece con particular maestría. Estas ceremonias, le dice, con que celebras á un santo, no son mas que el preludio de las que despues se harán contigo cuando seas puesto en el número de ellos: la Iglesia te pondrá en sus altares, y cual será la insignia con que alli resplandecerás? Será la espada, será la oliva? Te invocará el soldado en el combate, el labrador en el campo, el navegante en la tormenta, los senadores en sus concilios? Pero antes de esto vivirás felices años, propagarás la justicia, la paz, y la verdadera religion en el mundo, conquistando el santo sepulcro y venciendo la idolatría. Este es

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