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Que estos viles alardes,

(Porque en siendo traidores son cobardes),

Ya estan medio vencidos

Con solo haber llegado á sus oídos
Que yo soy quien os guia.

A Anibal preguntó Scipion un dia,
Que cual era del mundo el mas valiente;
Y él respondió feroz con torva frente:
Alejandro el primero,

El segundo fue Pirro, y yo el tercero:
Si entonces yo viviera,

Cuarto lugar me diera.

Al arma, acometed, yo voy delante,
Y el no tener escalas no os espante;
Que no son necesarias las escalas,
Si en vuestra ligereza teneis alas.»
Dijo y vibrando un fresno en la uñosa
Mano, al muro arremete,

Y con él mata siete,

Maús, Zurron, Maufrido, Garrafosa,
Hoziquimocho, Zambo y Colituerto,
Gatazo que de roja piel cubierto,
Crió la mondonguífera Garrida,
Aunque toda su vida

Mas enseñado á manos y cuajares
Que á nobles ejercicios militares.
Mas son tan eficaces las razones
Formadas de los ínclitos varones,
Como Alciato escribe, cuando asidos
Llevaba de una cuerda de los labios
El Anfitrioníades Alcides

Cuantos hombres prestaban los oidos

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A la elocuencia de los hombres sabios.

Pero ya los agravios

De Mizifuf la guerra comenzaban:

Ya los gatos trepaban

La torres por escalas de sus uñas,
Mas fuertes garabatos,

Que los de tundidores y garduñas:
Ya por la piedra entre la cal metidas,
Sin estimar las vidas,

Subian gatos y bajaban gatos,

Los unos como bueyes agarrados,
Que clavan en las cuestas las pezuñas,
Los otros como bajan despeñados
Fragmentos de edificio que derriban,
Que de su mismo asiento se derrumba.
A cual sirven de tumba,

Despues que del vital aliento privan,
Las losas que le arrojan;

A cual de vida y alma le despojan
En medio del camino.

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No despide en oscuro remolino
Mas balas tempestad de puro hielo,
Que bajan plomos de la torre al suelo.
Alli murió Galvan, alli Trevejos,
Que le acertó la muerte desde lejos,
Dándole con un cántaro en los cascos,
Y otros con ollas, búcaros y' frascos.
Así suelen correr por varias partes,
En casa que se quema, los vecinos
Confusos sin saber á donde acudan:
No valen los remedios ni las artes:
Arden las tablas, y los fuertes pinos

De la tea interior el humor sudan:
Los bienes muebles mudan

En medio de las llamas:

Estos llevan las arcas y las camas,
Y aquellos con el agua los encuentran,
Estos salen del fuego, aquellos entran:
Crece la confusion, y mas si el viento
Favorece al flamígero elemento.
Mas como el alto Júpiter mirase
Desde su Olimpo y estrellado asiento
La batalla cruel de sangre llena,
Temiendo que quedase

En competencia tan feroz y airada
La máquina terrestre desgatada,
Justo remedio á tanto mal ordena:

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Dioses, no es justo (dijo) que la espada Sangrienta de la guerra

Se muestre aqui tan fiera y rigurosa,
Aunque es la misma de la griega hermosa,
que muertos los gatos, esta tierra
Se coma de ratones.

Y

Porque se volverán tan arrogantes,
Que ya considerándose gigantes,
No teniendo enemigos de quien huyan,
Y el numero infinito disminuyan,
Serán nuevos Titanes,

Y querrán habitar nuestros desvanes.»
Con esto luego envía

De oscuras nieblas una selva espesa,
Y la batalla cesa

Revuelto en sombras de la noche el dia.
Y desde aquel con inmortal porfia

Los unos y los otros prosiguieron,
Aquellos en la ofensa,

Y estos en la defensa:

Pero durando el cerco, no tuvieron
Remedio, ni sustento los cercados,
Tanto que á Zapaquilda desfigura
La hambre la hermosura.

Vueltas las rosas nieve,

Por onzas come, por adarmes bebe:
Marramaquiz, que ya morir la via,
Con amante osadía,

Pero sin que le viesen los soldados,
Salió por un resquicio á los tejados.
De una tronera que en la torre habia,
Para coger algunos pajarillos.
Iba con él Malvillos,

Que á este solo fió su atrevimiento,
Y por partir la caza y el sustento:
Y estando ¡o dura suerte!
Acechando á la punta de un alero
Un tordo que cantaba,

La inexorable Muerte,

Flechando un arco fiero

Traidora le acechaba.

¿Que prevenciones, que armas, que soldados Resistirán la fuerza de los hados?

Un príncipe que andaba

Tirando á los vencejos,

¡Nunca hubiera nacido,

Ni el aire tales aves sostenido!
Le dió un arcabuzazo desde lejos:
Cayó para las guerras y consejos,

Cayó súbitamente

El gato mas discreto y mas valiente,
Quedando aquel feroz aspecto y bulto
Entre las duras tejas insepulto:

Pero muerto tambien como era justo
A las manos de un Cesar siempre augusto.
Llevó Malvillos pálido la nueva,

Que de su fe y amor llorado en prueba A
Se mesaban las barbas á porfia,

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Como tudescos, muerto el que los guia;
Mas deseando verse satisfechos

Del sustento forzoso,

Rindieron las almenas y los pechos
Al héroe sin victoria victorioso:
Y Mizifuf con todos amoroso,
Porque le prometieron vasallage,
Hizo luego traer de su bagage
Con mano liberal peces y queso.
Alegre Zapaquilda del suceso
Mudó el pálido luto en rico trage,
Dióle sus brazos y su padre amado,
Y el viejo á ella en lágrimas bañado,
Y para celebrar el casamiento
Llamaron un autor de los famosos,
Que estando todos en debido asiento,
En versos numerosos

1

Con esta accion dispuso el argumento,
Dejando alegre en el postrero acento
Los ministriles,

de cuatro en cuatro,
y
Adornado de luces el teatro.

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