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Y en las lagunas del egipcio Nilo
Otros autores por el mismo estilo,
Que escriben que trayendo de Etiopia,
Donde hay bastante copia,

Dos Pigmeos á Roma (gente grave)
Se murieron de colera en la nave.
Homero les da patria al mediodia,
Con su intérprete Eustacio;

Mela, de Arabia en el ardiente espacio:
Que el Sol Fenix mayores monstruos cria,
Puesto que aunque confiesa tales nombres,
Aristóteles niega que son hombres.
Ni en su ciudad de Dios pasó en olvido
El divino Africano los Pigmeos,
Y Juvenal Umbrípedes los llama,
Sin otros que han negado y defendido
Esta opinion que divulgó la fama.
Pero pues pintan monstruos semideos,
Que por los montes van de rama en rama,
Las poéticas trullas,

Diciendo que batallan con las grullas,
No será mucho que haya semihombres.
Estos con cierta patria y ciertos nombres
En la misma region caballos tienen
De donde nuestros gatos se previenen:
Que á hacer de solo un codo
Hombres naturaleza,

Como pintor que muestra la destreza
A un naipe todo un cuerpo reducido,
Y los caballos no del propio modo,
Mayor monstruosidad hubiera sido
De su instrumento ilustre y poderoso:

Que mal pudiera andar hombre muñeca

En el lomo espacioso

De un gigante babieca;

Asi que, la objecion no es de provecho,
Pues queda el argumento satisfecho.
Demas que el lector puede, si quisiere,
Creer lo que mejor le pareciere;
Porque si se perdiese la mentira,
Se hallaría en poéticos papeles,
Como se ve en Homero describiendo
A la casta Penélope, que admira,
Por los amantes necios y crueles
Tejiendo y destejiendo,

Sin dejarla dormir de

puro casta:

Y lo contrario para ejemplo basta,

Haciendo deshonesta

Virgilio á Dido Elisa por Eneas,
Como le riñe Ausonio;

Aunque logró tan falso testimonio,

Menos las aguas que pasó Leteas,

Donde escribió Merlin con cuales iras

Castigan al poeta sus mentiras.

Mas vuelve, jo Musa! tú, para que pueda Ayudarme el favor de tu gimnasio:

Que para lo que queda,

Aunque parece poco,

Al señor Anastasio

Pantaleon de la Parrilla invoco,

Porque de su tabaco

Me dé siquiera cuanto cubra un taco.
Marramaquiz, aunque lo supo tarde,
Habia hecho alarde

De sus gatos amigos,

Y halló que para tantos enemigos
Era su gente poca;

Mas como la defensa le provoca, i
Las armas al asalto prevenia,
Supuesto que tenia,

Poco sustento para cerco largo.
Y cuidadoso de su nuevo cargo,
Mas triste y desabrido

Que poeta afligido,

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Que ha parecido mal comedia suya,
Ó bien la de su cómico enemigo,
Andaba por la torre;

Y viendo que su esposo la socorre,
Zapaquilda mas llena de aleluya,

Mas alegre, contenta y mas quieta...
Que aquel mismo poeta,

A

Si ha parecido mal, siendo él testigo, La del mayor amigo...

Prevenido en efeto

De toda defension y parapeto,
Sacó sus gatos animoso al muro,
Por todas las almenas y troneras,
Vestido de banderas,

Que en alto de diversos tornasoles
Eran entre las nubes arreboles;
Y coronado de diversos tiros,
Soldados de valor y archimargiros
Opuestos á la furia del contrario.
Como se mira altivo campanario
De aldea, donde hay viñas,
Para bajar despues á las campiñas,

Cubierto por el tiempo de las uvas..
Del escuadron de tordos,

Que en aquella sazon están mas gordos
Cuando los labradores

Limpian lagares y aperciben cubas:
Asi la negra cúpula tenia

De soldados de tiros y atambores
No menos valerosa gatería.

Quien viera el pie que el escuadron ceñia
De Mizifuz, y el chapitel armado
De uno y otro gatífero soldado,
Dijera, que tal vista no fue vista
De Dário ni de Jerjes,

Ni tanto perdigon haciendo asperjes
En ninguna conquista,

Ni la vió Scipion, ni el rey Ordoño,
Como en Cartago aquel, éste en Logroño;
Y aunque entre la de Ostende;

Pero sin nobis domine se entiende.

Ver tanto gato negro, blanco y pardo

En concurso gallardo

De dos colores y de mil remiendos Dando juntos maúllos estupendos, ¿A quien no diera gusto,

Por triste que estuviera,

Aunque perdido injustamente hubiera

Un pleito, que es disgusto

Despues de muchos

Para leones fieros?

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Prevenidos en fin para el asalto,

Mueven a sobresalto

Los ánimos valientes

Las retumbantes cajas,

"

Previenen uñas y acicalan dientes,
Calando juntas las celadas bajas,
Que en las frentes bisoñas

Mas eran de sarten que de Borgoñas.
Pero en silencio los clarines roncos,
Que sonaban á modo de zampoñas,
Puesto á la márgen de unos verdes troncos,
Que no importa saber de lo que fueron,
De pies en uno Mizifuf bizarro,
Cuando del sol el carro,

Que Etontes y Flegon amanecieron,
Atras iba dejando el medio dia,
Dijo á su belicosa infantería,
Que atenta le escuchaba,

Que aunque era gato, Ciceron hablaba:
«Generosos amigos,

De mis afrentas y dolor testigos,
La honra que los ánimos produce
A tan ilustre empresa me conduce:

Esta sola me anima:

Quien no sabe que es honra, no la estima. Miente el que dijo y miente el que lo estampa, Que un bel fugir tutta la vita scampa;

Pues mejor viene ahora

Que un bel morir tutta la vita honora.
Es la virtud del hombre

La que le inclina á los ilustres hechos:
Digna es la fama de valientes pechos:
Hoy habeis de ganar glorioso nombre:
Ninguna fuerza, ni amenaza asombre

ΕΙ

que teneis de gatos bien nacidos:

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