Obrazy na stronie
PDF
ePub

XVIII.

Ocho á ocho, diez á diez

Sarracinos y Aliatares
Juegan cañas en Toledo
Contra Alarifes y Azarques.
Publicó fiestas el rey
Por las ya juradas paces
De Zaide, rey de Belchite,
Y del granadino Atarfe.
Otros dicen que estas fiestas
Sirvieron al rey de achaques,
Y que Zelindaja ordena
Sus fiestas y sus pesares.
Entraron los Sarracinos
En caballos alazanes,
De naranjado y de verde
Marlotas y capellares.
En las adargas traían
Por empresas sus alfanges
Hechos arcos de Cupido,
Y por letra: Fuego y sangre.
Iguales en las parejas
Les siguen los Aliatares
Con encarnadas libreas
Llenas de blancos follages.
Llevan por divisa á un cielo
Sobre los hombros de Atlante,
Y un mote que así decia:
Tendrelo hasta que me canse.
Los Alarifes siguieron

[ocr errors]

Muy costosos y galanes.
De encarnado y amarillo,
Y por mangas almaizales.
Era su divisa un nudo
Que le deshace un salvage,'
Y un mote sobre el baston,
En que dice: Fuerzas valen.
Los ocho Azarques siguieron
Mas que todos arrogantes
De azul morado y pajizo,
Y unas hojas por plumages.
Sacaron adargas verdes,

Y un cielo azul en que se asen
Dos manos, y el mote dice:
En lo verde todo cabe.

No pudo sufrir el rey,
Que á los ojos le mostrasen
Burladas sus diligencias,
Y su pensamiento en valde.
Y mirando á la cuadrilla,
Le dijo á Selin su alcaide:
Aquel sol yo lo pondré,
Pues contra mis ojos sale.
Azarque tira bohordos,
Que se pierden en el aire,
Sin que conozca la vista
A do suben, ni á do caen.
Como en ventanas comunes
Las damas particulares,
Sacan el cuerpo por verle
Las de los andamios reales:
Si se adarga ó se retira,

[ocr errors]

Del mitad del vulgo sale
Un gritar: Alá te guie,
Y del rey, un muera, dadle.
Zelindaja sin respeto

Al pasar por rocialle,

Un

pomo de

agua vertia,

Y el rey gritó paren, paren.
Creyeron todos que el juego
Paraba por ser ya tarde,
Y repite el rey celoso:

Prendan al traidor de Azarque.
Las dos primeras cuadrillas
Dejando cañas á parte,
Piden lanzas, y ligeros
A prender al moro salen:
Que no hay quien baste

Contra la voluntad de un rey amante.

Las otras dos resistian

Si no les dijera Azarque;

Aunque Amor no guarda leyes,

Hoy es justo que las guarde.
Rindan lanzas mis amigos,
Mis contrarios lanzas alcen,
Y con lástima y victoria
Lloren unos, y otros callen:
Que no hay quien haste

Contra la voluntad de un rey amante.
Prendieron al fin al moro,

Y el vulgo para libralle
En acuerdos diferentes
Se divide y se reparte;
Mas como falta caudillo,

Que los incite y los llame,
Se deshacen los corrillos
Y su motin se deshace:
Que no hay quien baste

Contra la voluntad de un rey amante.
Sola Zelindaja grita:
Libradle, moros, libradle;
Y de su balcon queria
Arrojarse por librarle.
Su madre se abraza de ella,
Diciendo: loca ¿qué haces?
Muere sin darlo á entender,
Pues por tu desdicha sabes,

Que no hay quien baste

Contra la voluntad de un rey amante.

Llegó un recado del rey,

En que

Y

manda que señale

Una casa de sus deudos,
que la tenga por carcel.
Dijo Zelindaja: digan

Al rey que, por no trocarme,
Escojo para prision

La memoria de mi Azarque:

Y habrá quien baste

Contra la voluntad de un rey amante.

PARTE II.

ROMANCES PASTORILES.

I.

El tronco de ovas vestido

De un álamo verde y blanco
Entre espadañas y juncos
Bañaba el agua del Tajo,
Y las puntas de su altura
Del ardiente sol los rayos,
Y todo el árbol dos vides
Entre racimos y lazos:

Al son del agua y las ramas
Heria el céfiro manso

En las plateadas hojas

Tronco, punta, vides y árbol.
Este con llorosos ojos
Mirando estaba Belardo,

Porque fue un tiempo su gloria,
Como ahora es su cuidado.
Vió de dos tórtolas bellas
Tejido un nido en lo alto,
Y que con arrullos roncos
Los picos se están besando.
Tomó una piedra el pastor,
Y esparció en el aire vano
Ramas, tórtolas y nido,
Diciendo alegre y ufano:
Dejad la dulce acogida:
que el Amor me dió,

Que la

« PoprzedniaDalej »