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Dando el alma mil vaivenes.

Celosa y arrepentida
Diversas cosas revuelve.
Alminda que vido a Zayda

Que de nuevo se entristece,
Para divertir, la dijo

Le descubra lo que

siente.

Tomó Zafira la mano, Y la plática suspende El alboroto y estruendo De los que á las cañas vienen. Estaban ya las cuadrillas Dentro del cerco y palenque Con berberiscas naciones Y marlotas diferentes. Al son de bárbaras trompas Los caballos impacientes Con relinchos y bufidos Por medio la turba hienden. Revuélvense unos con otros, Y con ánimos valientes Con leves cañas procuran Ofenderse cuanto pueden. Duró gran rato la fiesta, Pero fue, como sucede, Que todo á la fin se acaba, Todo se acaba y perece. Daba priesa el cano tiempo A Apolo porqne detiene Su velocísimo carro De su tardanza impaciente: Y cuando llegó al ocaso,

Su contrario que lo siente,
Con no menor movimiento
Bate las alas y viene.

A cuya venida todos

Por medio el campo arremeten, Y de su esfuerzo pagados Mandaron cesar los jueces.

XIV.

No es razon, dulce enemiga, Si acaso me quieres bien

Que por

dar contento á Zayde, Tan sorda á mi llanto estés.

¿Qué aspid de Libia, señora,
Te ha enseñado á ser cruel?
¿Quien te dió entrañas tan duras,
Que amorosas solian ser,
Que la gloria que en un año
Con pura aficion compré,
Quieres con alma traidora
Tiranizarla en un mes?
Dicenme que ese envidioso
La causa de mi mal es;
Y que son tus ojos fuentes
El tiempo que no le ves.
Pues no es justo, hermosa Laura,
Que con tan rico laurel,

Y á fuerzas de fe ganado,
Se adorne un traidor sin ley.
Vuelve con piedad los ojos,
Verás rendido á tus pies

Como se queja Floriardo
Por el rigor de un desden.
Con lisonjas me entretienes,
Y con engaños tambien,
Hete sido fiel en todo,

Y en nada me has sido fiel.
Pues ya mis quejas te enfadan,
¿A quien, tigre hircana, á quien
De mi dolor daré cuenta
Sino es á la causa de él?

Y si por pobre me dejas,
Y te mueve el interes,
Si has menester lo que valgo,
Tu esclavo soy, vendemé.

X V.

Reduan, anoche supe,
Que un vil Atarfe me ofende,
Y en un infierno insufrible

Trocada mi gloria tiene.

Que un pecho que fue diamante
En blanda cera lo vuelve,

Mis contentos en pesares,
Y en favores sus desdenes.
Tanto pudo su porfia,
Y mi ausencia tanto puede,
Que es ya lo que nunca ha sido,
Y yo no lo que fui siempre.
¡Qué de abrazos que la debo!
¡Qué de suspiros me debe
Que ardiendo van de mi pecho,

10:

Y se hielan en su nieve!
Gloria la daban mis prendas,
Y consuelo mis papeles ;
Lo que mi lengua decia,
Eran inviolables leyes.
Pasó este tiempo dichoso,
Por ser dichoso, tan breve,
Y en mil pesares y enojos
Se trocaron mis placeres.
¡Quien tal creyera! olvidóme,
Y olvidado me aborrece
Por un moro advenedizo,
Que no sé de quien desciende.
Huelgate, mora enemiga,
Aunque á mi pesar te huelgues:
Entra ufana en Vivarrambla,
Donde mis penas te alegren.
Aquese infame Morillo,
Que aborrezco y favoreces,
Átale al brazo tn toca,

Para que las cañas juegue.

Que por Alá que

has de verla

Teñida en su sangre aleve,

Y en la tuya la tiñera;

Mas soy

hombre y muger eres,

Por Mahoma, que estoy loco,
Mi sangre en las venas hierve,
La paciencia se me acaba,
Y mi juicio se pierde.
Pero no me tenga el mundo
Por el alcaide de Velez,
Ni me favorezca el cielo,

Ni la tierra me conserve,

El mas corbarde me matė,

Sin que tenga quien me vengue,
Si á esta ciudad, si á este infierno
A donde mi honra muere,
No la escandalizo, y vengo
Mis agravios con la muerte
De ese Morillo cobarde,
Que es infame y se me atreve;
A quien quitaré la vida,
Y mil vidas, si mil tiene.
Resuelto estoy, Reduan,
De vengarme ó de perderme;
Que un noble, si está ofendido,
Facilmente se resuelve.

XV I.

De

Al lado de Sarracina Jarife está en una zambra Hablando en su amor primero que fue la secretaria. ¿Sois vos, le dice la mora, Jarife, aquel de Daraja, Aquel de fé templo, aquel Monstruo de perseverancia? Tres años ha, caballero, Que os llora por muerto España; ¿Si muerto, cómo en el mundo? ¿Si vivo, cómo sin alma?

El enamorado moro

Por satisfacer la dama

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