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ces... obedeciendo a su natural, se dexó arrastrar dulcemente de lo sabroso de la erudición y de lo festivo de las Musas, que en años tan tiernos parece que le criaron como a Hesiodo, o que nació en su regaço, como ya se decía de Sidonio Apolinar. Con este divertimiento mal pudo grangear nombre de estudioso ni de estudiante; pero él trocaba gustoso estos títulos al de poeta erudito, el maior de los de su tiempo, con que començó a ser mirado i aclamado con respeto."

El lector, discreto, rebajará el tanto correspondiente a estos desmesurados encomios; pero de estas alabanzas y de lo que decía Liñán se deduce que en Salamanca se dió a conocer como poeta el estudiante de Cánones. Precisamente la primera fecha que con toda seguridad se puede señalar a una poesía de don Luis, corresponde a estos años de estudiante en Salamanca. El año de 1580 imprimía en aquella ciudad Juan Perier una traducción de Os Lusiadas, hecha por el sevillano maestro Luis Gómez de Tapia (1).

En los preliminares lleva el libro la canción de Góngo-ra que empieza:

Suene la trompa bélica del castellano cálamo

Este libro hace sospechar, nada más que sospechar, el ambiente literario que don Luis respiraba en Salamanca.. Gómez de Tapia dedicó su traducción a Ascanio Colona, y en los preliminares, entre otras composiciones latinas y castellanas, además de la Canción de Góngora, se imprimieron unos versos latinos y una epístola castellana del Bro-cense. ¿Es inverosímil que Góngora, amigo de Gómez de

(1) La Lusiada de el famoso poeta Luys de Camoes traduzida en verso castellano de Portugues, por el Maestro Luys Gomez de Tapia, vezino de Seuilla. Dirigida al Illvstrissimo señor Ascanio Colona Abad de Sancta Sophia. Con privilegio. En Salamanca.-Ioan Perier, 1580. 16 hojas + 307 fols. 8.-En los fragmentos de Poesías de Góngora, recogidos por un contemporáneo, hay noticia de otros versos que hizo en Salamanca. Vid. Capítulo XIII de este libro.

Tapia, acudiese a las clases o a las conversaciones del amigo de su amigo, y que se aficionase a un hombre tan culto, tan agudo, tan original e independiente? El Brocense era, sin duda, el hombre que más podía cautivar en Salamanca la admiración de Góngora por sus estudios y aficiones. No sólo era un gramático en el más excelso sentido de la palabra; era poeta latino y castellano, músico, ameno conversador y, contra lo que podía esperarse de un hombre tan docto en las lenguas y literaturas clásicas, gran conocedor y aficionado de las literaturas romances.

Por los años en que hubo de tratarle Góngora estaba preparando sus ediciones y comentarios de Garcilaso y del cordobés Juan de Mena; traducía poetas italianos y componía versos, que eran a la vez castellanos y latinos. No es de este lugar señalar las posibles influencias de las ideas del Brocense en Góngora; apuntemos la altísima opinión que Sánchez de las Brozas tenía del verdadero poeta, su teoría (de buen renacentista) de que no era buen poeta el que no imitaba los excelentes antiguos, la admiración que sentía por Juan de Mena, "no sé yo en nuestra lengua (y aun por ventura en las otras) quién con razón se puede anteponer a nuestro Juan de Mena" por su levantado estilo y "por ser el primero que sepamos que aya ilustrado la lengua castellana" y, por fin, sus teorías y opiniones atrevidas y revolucionarias sobre lingüística, en particular la de la elipsis.

Las obras de Góngora, si no revelan profundos conocimientos teológicos, filosóficos y de leyes, suponen estudio y lectura meditada de autores latinos, italianos y portugueses. No fué un estudiante aplicado de Jurisprudencia, en Salamanca, pero en esta Universidad, o con los hombres que en ella vivían, completó y perfeccionó su cultura humanística y literaria.

Años más tarde, en 1587 (acaso antes), se caricaturizó a sí mismo en aquel conocido romance que empieza:

Hanme dicho, hermanas,

que tenéis cosquillas,

de ver al que hiço

a Hermana Marica (1).

Y tratando de su saber, escribe:

Es su Reverencia

un gran Canonista
porque en Salamanca
oió theología;

sin perder mañana
su lección de prima,

i al anochecer
lección de sobrina;

i assí es desde entonces
persona entendida

si a su oído tañen

vna chirimía;

de las demás lenguas
es gran humanista
señor de la Griega
como de la scithia;
tiene por más suia

la lengua latina

que los alemanes

la Persa o la Egipcia.

Habla la toscana

con tal policia,
que quien le oie dice
que nació en Coimbra.

I en la portuguesa

es tal, que dirías
que mamó en Logroño
leche de borricas;

de la Cosmographia
passó pocas millas

Es hombre que gasta

en Astrología toda su pobreza

con su picardía:

tiene su Astrolabio

Es fiero poeta

si le hay en la Libia

Griego, latín, italiano y portugués, cánones y teología, cosmografía y astrología que por la corrección del calendario estaría aquellos años muy en boga en Salamanca (2), música, esgrima, todo esto estudió, o debió estudiar en la Universidad; pero más, mucho más, sin duda, la vida estudiantil, de que formó en un soneto gracioso inventario:

(1) Cuando otra cosa no se advierta las citas de poesías de Góngora se hacen siempre conforme a la edición de Foulché-Delbosc. Madrid, BaillyBaillière, 1921.

(2) Es de notar que durante algún tiempo, mientras Góngora cursaba sus estudios en Salamanca, el Brocense leyó con carácter interino la cátedra de Astrología. Así consta de las minuciosas y concienzudas investigaciones llevadas a cabo en el Archivo Universitario por mi maestro, el sucesor del Brocense en la cátedra, don Pedro Urbano González de la Calle, publicadas recientemente.

Volsa şin alma, pereçoso arriero,
sol y moneda a peso de oraciones
ama que circuncida las raciones,
sanguijuela del gusto y del dinero,
ambre perpetua, pedigüeño artero,
deudas perpetuas, tristes camaleones
portes de cartas y quemar ringlones,
pobre importuno, llanto de echicero;
el murmurar y sarna de por vida;
sabañones y nieve y maestre escuela,
casa de esgrimidor, falsos criados;
muerte civil, miseria no creída

de la comida y can... centinela

sin ser al rey traidores, desarmados (1).

Además del grupo literario del Brocense, serían amigos de Góngora los muchos estudiantes de apellidos cordobeses que en los años de 1576 a 1581 figuran en las listas de matrícula: Córdobas, Aguayos, Angulos, Contreras. Coincidió en la Universidad, como ya sabemos, con el poeta Liñán, con el cordobés Andrés de Morales -acaso el genealogista de Córdoba o algún pariente, con Rosal, el olvidado autor del Diccionario de la lengua castellana, con José Alderete y con don Francisco Pacheco, que muy

(1) No estará de más recordar aquí, no sólo el epigrama latino escrito por Góngora a la Retórica del padre Castro, sino reproducir para que se aprecie y compruebe lo dicho el soneto quatrilingüe :

"Las tablas del baxel despedaçadas
(signum naufragii pium et crudele)
del templo sacro con le rotte vele
ficaron nas paredes penduradas.
Del tiempo las injurias perdonadas
et Orionis vi nimbosac, stellae
recoglio le smarrite pecorele

nas ribeiras do Betis espalhadas.

Volvere a ser pastor, pues marinero

quel Dio non vuol, che col suo strale sprona

do Austro os assopros e do Oceam as goas;
haciendo al triste son aunque grosero,

di questa canna, gia selvaggia donna,
saudade a asferas, e aos penedos magoas."

pronto había de ser obispo de Córdoba y llevar tras sí, desde Málaga, a los dos hermanos José y Bernardo de Alderete. Debió ser íntimo, según testimonio de Pacheco el pintor, del cordobés Gómez de Ribera, y a juzgar por sucesos posteriores, frecuentó el trato de los hijos de los Condes de Benavente, de Buendía y de Monterrey (1).

Esperaba, sin duda, don Francisco de Argote que al regresar su hijo de Salamanca, volvería graduado y dispuesto a solicitar y ejercer empleo que le diese honra y provecho. Don Luis tuvo que confesar la verdad, y la verdad debió producir honda tristeza al padre, que tantas esperanzas había puesto en el ingenio del hijo. El año de 1580 a 1581 ya no volvió, al parecer, don Luis a Salamanca ; pero desde Salamanca salió al año siguiente para Córdoba la notificación de una demanda entablada por los herederos del licenciado Aguilar, en cuya casa había estado a pupilo don Luis, pidiendo cien ducados que había quedado a deber por sus alimentos. En el poder que don Luis y su padre otorgaron, en 7 de marzo de 1582, niegan y juran no deber dicha cantidad y advierten "ai ilustre señor don Gabriel de Cordoua, a don Juan de Contreras y a Juan Axenjo, harriero del camino de Salamanca, (a quienes trasmiten amplios poderes) que pueden poner por rreconbención a los dichos herederos dos mill ducados y más que entraron en poder del dicho licenciado Aguilera por los alimentos de mi hijo don Luis, de lo qual no ha dado quenta" (2). Dos mil y más ducados en cuatro años, es decir, más

(1) Andrés de Morales, natural de Córdoba, se matriculó en Cánones en Salamanca el día 24 de noviembre de 1580, según los libros de Matrícula. Rosal, Alderete y Pacheco estudiaron también en Salamanca, según Ramírez de Arellano, Catálogo... (artículos correspondientes). De Gómez de Ribera ya queda hecha mención en la nota 13, cap. II. Don Juan de Acuña, futuro conde de Buendia, fué rector de Salamanca en 1574 y 1577, y a su retrato escribió Góngora, muchos años después, un soneto.

(2) "Sepan quantos esta carta de poder bieren como yo el Licenciado D. Francisco de Argote juez del Fisco Real del oficio de la Santa Inquisicion de Córdoua e yo Don Luis de Gongora su hijo y en su presencia y con su liçencia que yo le pido e demando e yo el dicho Don Francisco de Argote otorgo que doy la dicha licencia para otorgar este poder... otorgamos e

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