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Sobre cuerdas de Gijas

trastes mueve de plata

31. Otro Romance.

Oi que estrellas más que flores

32. Otro. En estas altas rocas

33. Otro. Hermana Mencía

34. Otro. Cielo acéis la tierra niña, pues que sois

35 Otro. Dexa, Vega, el rico Alcázar

36. Otro. De su dama se despide

37. Otro. Soberbio el tajo

38. Otro. Una bella cazadora

39. Otro. Ya nos mudamos, María

40. Otro. A cierta dama que en unas honrras le dió dolor de tripas hizo ciertos versos y uno de ellos es:

Hasta en las honrras se c.

41. En los Romances de Orán falta uno que tiene estos versos:

O dispénsame el favor

o acábame de matar

42. Otro soneto:

Quando Don Juan esa famosa espada

43. Otro. Yaze aqui un cisne en flores y vatiendo

44. Otro. Mariposa no solo no cobarde

45. Otro. Sobre rabiosa muerte conjurado

46. Otro. Cuantos forjare más hierros el hado

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55. Otro. Los blancos lirios que de ciento en ciento

56. Otro. Ave real de plumas tan desnuda

57. Otro. Quantos al Duero le he negado ausente

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No hace falta insistir, después de estas noticias, en la necesidad de rebuscar y revolver los manuscritos contemporáneos, y en hacer una nueva y minuciosa revisión de las composiciones de Góngora, de las atribuídas y de otras que pasan sin contradicción por hijas de otros poetas.

Pero si es necesario compietar y reunir la producción, es de todo punto indispensable, en una edición crítica, recoger versiones distintas, anotar variantes, llenar lagunas y vacíos con la consulta atenta y diligente de los manuscritos del siglo XVII que más autoridad puedan merecer.

Pocos textos necesitan más de una depuración que el de las poesías de Góngora.

Don Alfonso Reyes ha tratado este punto con mucha competencia, en el artículo ya citado del Boletín de la Real Academia Española. Reduce a cinco las causas de error en la obra de Góngora. El abandono en que tuvo el poeta su obra, su manía de corrección, la mordacidad de sus sátiras -que las hizo disimular o perder, pasar por anónimas o conservarse como atribuídas a él, pero sin criterio de certeza—, la complejidad de su estilo y la semejanza léxica y técnica de los poetas que siguieron su estilo. El abandono y la manía de corrección parecen entre sí contradictorios. Pueden ser verdad lo que cuenta el autor del Escrutinio y otras afirmaciones de contemporáneos, respecto a la paciente lima a que Góngora sometía sus versos (1); pero todos los indicios, después de un estudio detenido de sus obras, parecen condenarle por tener en poco su arte. Sentía, indudablemente, un invencible deseo de perfección; pero este deseo le hacía despreciar sus versos ya escritos y ensayar nuevos caminos. La difusión de las copias contribuiría no poco a las malas lecturas y a los yerros multiplicados y perennes.

El señor Reyes preconiza para la depuración de la obra gongorina tres operaciones principales:

1. Estudio critico de la bibliografía de Góngora.

a

2. Estudio de los manuscritos gongorinos.

a

3. Esquilmo cuidadoso de los comentaristas.

Y una operación secundaria: aprovechamiento de cartas y documentos personales.

Estos estudios han de conducir a fijar los siguientes cuadros:

Indice de las obras auténticas.
Indice de las obras atribuídas.

(1) Añádase a los testimonios de Pellicer y del Escrutinio, ya conocidos, este otro de Andrés Cuesta (ms. de la Bibl. Nac. 3906, fol. 315): "...un ombre tan cuidadoso en esto como don Luis, de quien se cuenta que se estava en remirar un verso muchos días imitando a Virgilio, que como la loba a puro de lamer da forma a sus hijos..."

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6. Reglas de la edición crítica que ha de fijar los textos particulares, para lo cual el estudio externo de la obra ha de ser auxiliado por la crítica literaria y lingüística.

Para emprender el estudio de la bibliografía de Góngora se cuenta ya con notables avances. Fundamento principal de estos trabajos es y seguirá siendo la Bibliographie de Góngora, publicada por Foulché-Delbosc; los trabajos de Thomas, Reyes, Guzmán y Díez Canedo (1).

Algo se ha trabajado también en el estudio de los manuscritos gongorinos; pero aquí queda grande e importantísima labor que realizar.

Sin salir de la Sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional, pueden consultarse algunas decenas de manuscritos del siglo XVII que contienen poesías de Góngora en tomos de varios, o solamente las poesías del vate cordobés. Cuatro manuscritos muy importantes de obras de Góngora posee el señor Valdés, deudo y heredero de los señores Fernández-Guerra; y uno muy notable se encuentra en la Biblioteca de Menéndez y Pelayo. Creía el maestro de la Literatura española que gran parte, si no todo el manuscrito que poseía, estaba escrito de puño y letra de Góngora. Yo no me atrevo a afirmarlo, después de haber estudiado pacientemente el manuscrito y comparado la letra con las páginas, indudablemente autógrafas, que he alcanzado a ver. Aumentaron mis sospechas cuando lei en la guarda de uno de los manuscritos de Fernández-Guerra que también éste era de letra de Góngora. Quizás contribuyó a la creencia del sabio polígrafo la comparación que hiciera de su manuscrito con el soneto que, como autógrafo de Góngora, se exhibe en una vitrina de la Sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional. Se trata del soneto que empieza: Cierto poeta en forma peregrina, y lleva al pie, como firma, solamente el apellido

(1) Véase nota 18 del cap. XIV.

Góngora. Esto es muy sospechoso, porque don Luis no fir- maría nunca de esta manera. De todos modos, tanto el ma-nuscrito de la Biblioteca Menéndez y Pelayo como los del señor Fernández-Guerra ofrecen importantes variantes, y por las enmiendas y tachaduras demuestran que alguien leyó y corrigió con cuidado el texto. Por los manuscritos todavía inéditos de Gallardo se sabe, que en la Biblioteca episcopal de Córdoba vió el infatigable bibliófilo tres tomos manuscritos de las obras de Góngora y otros manuscritos que contenían algunas, en la Biblioteca del Cabildo, de la misma ciudad. Registró a su placer un manuscrito de Góngora que poseía Böhl de Faber y copió el curioso índice del precioso manuscrito de don Justo Sancho, el cual, como el de Chacón, da noticias de cosas y personas. Anduvo también, tras un manuscrito de las obras de don Luis que un señor Bobadilla poseía en su casa de Écija. El señor Baig y Baños mencionó dos manuscritos gongorinos del librero señor Windel, y en la Biblioteca: Universitaria de Zaragoza, en una colección de Varios, de letra del siglo XVII, he visto muchas poesías de Góngora. Otras bibliotecas guardarán, sin duda, manuscritos del poeta, y para una edición crítica habría que revisar los que vió —y en parte copió y dió a la imprenta- Linares, en la del Duque de Gor en Granada.

Además de los Comentarios impresos de Pellicer, Salazar y Mardones y García Coronel, hay otros comentarios inédi-tos que pueden ser de gran utilidad para una edición crítica.

¿Quién duda que estudiados con la debida atención losmanuscritos de la época, analizando los que pasan por autógrafos, comparándolos con riguroso método, podríamos te-ner, sin gran esfuerzo, un texto, si no infalible, por lo menos mucho más completo y depurado? No son tantas las poesías de Góngora que la empresa pueda amedrentar ni ser considerada como un imposible. Oscuro es Góngora, ciertamente; pero es indudable que a ello contribuyen no poco, los yerros: perpetuados, las malas y viciosas lecturas.

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