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os esplica en el sentido claro y literal que les ha sacado del testo y contesto, y de la combinacion de unas Escrituras con otras, de unos profetas con otros, de un testamento con otro. ¿Que cosa mas estable, y mas firme, diré á V. con S. Leon, mientras no nos saque otra mas firme, y mas estable, que una doctrina en cuya predicacion han resonado las trompetas de ambos testamentos, y en que estan de acuerdo las doctrinas Evangélicas, y los documentos de las creencias antiguas? Las páginas del testamento antiguo y las del nuevo se apoyan mutuamente*. Dejando pues el autor en su victorioso castillejo, sin que lo hayan dañado los tiros de sus baterías reales, comencémos á examinar el

PUNTO PRIMERO.

Jesucristo no vendrá sino al fin del mundo.

76. Este es el primero de los puntos particulares á que se opone el compendio, y entra V. á defender; y que como dice con razon el compendio, conviene averiguar bien, siendo un punto fundamental y como la base de los demás. Todo lo que en él largamente trata V. siguiendo paso á paso al compendio, podemos reducirlo en breve á tres cosas: al cómo, al cuando, y al fin á que el Señor vendrá. Al como vendrá: si conocido de todos, ó como un perfecto incógnito. Al cuando vendrá, si solo al fin del mundo, ó mucho tiempo antes. Al fin á qué vendrá, si á juzgar solo á los hombres y volverse al cielo, ó á quedarse en la tierra, reinar y juzgar en ella. Sin perder tiempo comencémos por lo primero.

¿Si cuando volverá el Señor á la tierra vendrá manifiesto, ó como un perfecto incógnito?

77. Vemos no pocas veces que varios príncipes giran

• Quid enim stabilius, quid firmius verbo in cujus prædicatione veteris et novi testamenti concinit tuba, et cum evangelica doctrina antiquarum protestationum documenta concurrunt. Adstipulantur enim sibi invicem utriusque fœderis paginæ.

por el mundo de perfectos incógnitos, con otros títulos que los que corresponden á personages de tan alto caracter, y sin aquel tren y acompañamiento conveniente á su grandeza; ó sea por librarse de etiquetas, ó por hacer menos gastos, ó por tener mas libertad, ó por otras razones de estado que yo no entiendo. Pero si así lo hacen los príncipes de la tierra; no, dice V., no lo hará así el rey del cielo en su segundo viaje á la tierra. Vendrá entonces, no como vino la primera vez, desconocido, á oscuras, de noche: Cuando todo estaba sepultado en silencio*; sino en el resplandor de su grandeza, con todo el tren de su gloria, y a vista de todo el mundo. Verán venir al Hijo del Hombre en las nubes del cielo, con gran virtud, y magestadt. Por esto, y con razon, entre mil dimes y diretes con el compendio, no acaba V. de maravillarse que diga, pueda venir el Señor con este aparato sin ser conocido de los hombres, como parece lo significa por estas palabras del número 6: " Porque á la verdad (amigo) si nosotros los Cristianos que creemos la segunda venida del Señor, nos hallámos cuando él venga en la misma disposicion de ánimo que tuvieron los Judios al tiempo de la primera venida, ¿quién podrá dudar que corremos el mismo peligro que ellos... y que nos hallémos esperando, ó por mejor decir, mirando todavia mui lejos esta segunda venida, al tiempo que se halle verificada, ó se esté ya verificando, y que Jesucristo habíte ya mui despacio entre los hombres del mundo, sin que los hombres del mundo se hayan apercibido de su venida?" Poco me importa á mí que el compendio lo diga ó no lo diga: si lo dice, allá se las haya; ya le he dicho á V. que mi intento no es defenderlo. Lo que me importa es que lo dijese la obra, como parece lo insinúa V. en su concordancia, repitiendo é inculcando en ella lo mismo que ha dicho en su impugnacion contra el compendio, como si de nuevo lo

* Dum medium silentium tenerent omnia.

+ Videbunt Filium Hominis venientem in nubibus cœli, cum virtute multa et majestate.-Mat. xxiv, 29.

"Yo no

hubiera hallado en la obra, por estas palabras: entiendo este nuestro peligro, pues por mas que nos engañasen nuestros doctores con sus doctrinas, es imposible que no conozcámos al Señor en su segunda venida; ya que no vendrá á la sordina, sino manifiestamente en todo el tren de gloria y magestad: Nuestro Dios vendrá manifiestamente*, nos asegura David." Si ha hallado V. en la obra los sentimientos contrarios, díganos donde: en qué lugar: con qué palabras: y si no los ha hallado, en vez de indicarlo, confiese V. en su concordancia esta nueva discordancia de la obra con el compendio. Yo lo que ballo en la obra son estos sentimientos enteramente conformes á los del citado Evangelista (part. ii, fenóm. iv, parr. iv.”) “ Acabada la tribulacion de aquellos dias, ó aquellos dias de tribulacion, el sol y la luna se oscurecerán, caerán las estrellas del cielo, se conmoverán y en parte se desquiciarán sus ejes, y entonces aparecerá por los aires el real estandarte de la Cruz. Viéndola, llorarán todas las tribus: y precedido de ella, viéndolo todo el mundo, bajará del cielo á la tierra el Hijo del Hombre en toda la grandeza de su gloria y magestad." Si no es esto decir, que vendrá manifiestamente y en todo el tren de gloria y magestad, ya no sé como se pueda decir mas claro.

78. ¿Donde pues halla V. que diga la obra vendrá el Señor incógnito y á la sordina? Viendo yo que V. dice las citadas palabras de su concordancia, hablando de la introduccion de la obra, dije, i si allí habrá hallado alguna cosa que se le parezca? La leo otra vez con esta curiosidad; y no sospechando de lo demás, el quid pro quo, que habrá dado motivo á V. me figuro será la paridad que hace el autor de los Judios con los Cristianos. Sacando de ella lo que puede hacer á nuestro caso, dice así: "Como los Rabinos con sus interpretaciones fueron la causa de que los Judios no conociesen al Mesías en su primera venida, así nuestros doctores con las suyas pueden

* Deus noster manifeste veniet.

ser la causa de que nosotros los Cristianos en la segunda venida del Señor caminémos al mismo precipicio." i Pero á cual? ¿ Al de no conocer al Señor en su segunda venida, como no lo conocieron los Judios en la primera? Si así lo ha juzgado, este es un precipicio que V. se ha abierto, y en que nunca ha pensado el autor. Ni como pensarlo, cuando á letras cubitales escribe: " que vendrá desplegado el estandarte de su cruz en toda la grandeza de su gloria y magestad, llorando todas las tribus, y viéndolo todo el mundo?" ¿Puede ser visto de este modo, y no conocido? Por mal que piense V. del autor, no lo haga tan ciego que caiga en una tan manifiesta contradiccion. Todos saben que una paridad no arguye igualdad en todo, sino una semejanza de una cosa á otra.

79. Pues si no es este, me pregunta V., ¿cual otro es el precipicio á que caminamos los Cristianos sin pensarlo, por las interpretaciones de nuestros doctores? El precipicio á que caminamos, mi señor, no es al de no conocer al Señor en su segunda venida, sino al de no conocer las señales de su segunda venida; y no conociéndolas no estar preparados y prevenidos á recibirlo, como no lo estuvieron los Judios en la primera. Esta, y no otra es toda la fuerza de la paridad. Una de las señales mas principales, dejando otras, que precederán la segunda venida del Señor, será la persecucion terrible del Anticristo; y podrá suceder que la estemos padeciendo en su mayor furor; mas porque no vemos este hombre singular de raza Judio, y monarca universal de todo el mundo, cual nos lo tienen descrito nuestros doctores, no conozcámos ni al perseguidor, ni la persecucion; y no conociéndola no nos guardémos de sus engaños y violencias; y no guardándonos, y no previniéndonos en toda virtud y santidad, suceda por nuestra culpa, lo que ciertamente sucederá como está profetizado, que nos coja el dia del Señor, como cojió á los hombres el diluvio universal: Como en los dias de Noe, asi será la venida del Senor*. ¿Y

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* Sicut autem in diebus Noe sic erit adventus Domini. Mat. xxiv, 37.

como cojió á los hombres el diluvio? Noé, alternando el ministerio de la predicacion con la fábrica del arca, les avisaba el castigo inminente sobre sus cabezas; pero los hombres sin hacer caso de lo que veían, ni temer de lo que oían, proseguian pasándolo alegremente, comiendo, bebiendo, banqueteando, y celebrando bodas hasta el dia mismo en que entró Noé en el arca: y así sin que lo conociesen despues de tantos avisos, les vino encima el diluvio, y los anegó á todos. Pues sabed, nos dice S. Mateo, que de este modo será la segunda venida del Hijo del Hombre: como habia antes del diluvio hombres que comian y bebian, y celebraban bodas, hasta el dia en que Noe entró en el arca, y no tubieron noticia del diluvio, hasta que sobrevino, y los cogio á todos, asi será la venida del Hijo del Hombre*. Saben de fé los Cristianos, que vendrá ciertamente aquel dia grande del Señor; pero prevenidos de otras ideas, juzgándolo todavia muy lejos, cuando estará ya á la puerta, los sobrecojerá repentinamente como si no lo supieran, y quedarán cojidos en él como en un lazo oculto y no previsto. Así nos lo asegura S. Lucas. Repentino será aquel dia, y cogerá como un lazo á todos los que se sientan en la faz de la tierra†. No, que cuando llegue aquel dia no hayan de ver y conocer todos el sol de justicia que los ilustrará con todas las luces de su gloria y magestad; sino que no advirtiendo en las señales de su venida, será para ellos un dia repentino: Repentina dies illa: un dia pintado de los Evangelistas como un cuadro á claro oscuro: claro en el mismo dia que nos dará con todo el sol á los ojos; pero oscuro, por nuestras preocupaciones, como la noche, en las señales que lo precederán. Visto ya el como de la venida del Señor, véamos aora el cuando vendrá.

* Sicut enim erant in diebus ante diluvium comedentes et bibentes, et nuptui tradentes, usque ad eum diem quo intravit Noe in arcam, et non cognoverunt donec venit diluvium, et tulit omues, ita erit adventus Filii Hominis.

+ Repentina dies illa: tanquam laqueus enim superveniet in omnes qui sedent super faciem terræ.

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