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ocupar su lugar. El modo y circunstancias particulares, con que se obrará este gran misterio, yo no lo sé, porque no lo hallo espreso y claro en las Escrituras sagradas.

338. Solo sé por ellas (proseguia diciendo), que el Me sías, cuando venga, se ofrecerá á sí mismo en sacrificio á Dios su Padre por los pecados de todo el mundo: si ofreciere su alma por el pecado (dice Isaías), verá una descendencia muy duradera, y la voluntad del Señor será prosperada por su mano*. Solo sé que esta descendencia muy duradera, 6 lo que parece lo mismo, esta sucesion continuada de hijos de Dios, engendrados por el Mesías mismo con su muerte dolorosísima, con su sangre y con la efusion de su divino Espíritu, serán tantos en toda la tierra, que será imposible numerarlos y contarlos: ¿su generacion quién la contará?... aquel mismo justo mi siervo justificará á muchos con su ciencia, y él llevará sobre sí los pecados de ellos ... Este rociará muchas gentes. Solo sé por el salmo cix que habiéndose ofrecido á sí mismo por el pecado, será un Sacerdote eterno, y no ya segun el orden de Aarón (sino), segun el órden de Melquisedec §, cuya oblacion ó sacrificio fué el mas simple de todos, pues se redujo todo á pan y vino.

339. De este modo respondia nuestro simple Rabino á todas las simples preguntas que se le hacían, y á todas las dificultades que se le proponían. Y en efecto, ¿cómo era posible que un hombre ordinario (y aunque hubiese sido de una perfecta ciencia), pudiese responder treinta años antes del nacimiento de Jesucristo á tantas y tan diversas preguntas sobre el modo de ser de nuestra Iglesia presente?

Si posuerit pro peccato animam suam, didebit semen longævum, et voluntas Domini in manu ejus dirigetur.—Isai liii, 10.

↑ Generationem ejus quis enarravit?... in scientia sua justificabit ipse justus servus meus multos, et iniquitates eorum ipse pòrtabit.-Isai. liii, 8 et 11.

Iste asperget gentes multas, &c. - Isai. lii, 15.

§ Secundùm ordinem Aaron, sed secundùm ordinem Melchisedech. — Vide ep. ad Hebr. vii, 11; et Ps. cx, 4.

¿Quién podría saber entónces con ideas claras y circunstancias individuales, lo que debia suceder en el mundo despues de la muerte del Mesías? La sustancia de este gran misterio se halla ciertamente en las Escrituras, y nuestra propia esperiencia nos lo enseña así, y nos lo hace advertir frecuentísimamente; mas las circunstancias particulares no se hallan. Pues ; cómo las podian saber ni aun sospechar, los que vivian en Jerusalén en tiempo de Augusto?

340. i Podria entonces probarse con algun lugar de la Escritura, que el Mesías elegiría doce hombres idiotas, humildes y simples, para fundar su Iglesia y llamar y congregar en ella toda suerte de gentes? Podria entónces probarse con algun lugar de la Escritura santa, que uno de estos idiotas, constituido príncipe entre todos, sería enviado á poder su silla en la misma capital del grande y soberbio imperio romano? ¿Que esta silla humilde se mantendria en Roma firme é inmutable, á pesar de todas las oposiciones, contradicciones y violencias del mayor imperio del mundo? ¿Que este imperio que parecería eterno, se veria en fin precisado á ceder su puesto á la silla de un pobre pescador? ¿Que esta silla sería reconocida y respetada como el verdadero centro de unidad de todos los creyentes verdaderos de todo el orbe? ¿Que estos verdaderos creyentes de todo el orbe edificarian en todas sus ciudades, en sus villas, y aun en sus campiñas, templos innumerables para dar culto en ellos al verdadero Dios? ¿ Que en todos estos templos innumerables se ofreceria incesantemente á Dios vivo un sacrificio continuo: esto es, el sacrificio y oblacion munda de que se habla en Malaquías? ¿Que este sacrificio, y oblacion munda no sería otra cosa sino el mismo cuerpo y sangre de Cristo que se ofreció en la cruz una vez, y esto bajo las especies de pan y vino; segun el orden de Melquisedéc? ¿Que este sacrificio, en fin, se ofrecería á Dios con estas, ó con aquellas ceremonias? &c. Todas estas cosas particulares, que aora vemos y gozamos, ¿se podrían saber treinta años antes del naci

miento de Jesucristo, solamente con la leccion de la ley y de los profetas? Pues apliquese la semejanza en asunto de que aora tratámos. La aplicacion no puede ser mas fácil.

PARRAFO II,

341. A todas cuantas preguntas me hicieren los curiosos, y á todas cuantas cuestiones y dificultades escitaren los sapientísimos, yo no puedo responder de otro modo. Confieso simplemente (ni tengo por qué avergonzarme de esta confesion) que ignoro absolutamente infinitas cosas particulares, que sucederán en aquel siglo feliz, de que las Escrituras no hablan palabra. Ignoro tambien el modo y circunstancias con que deberán verificarse aun aquellas mismas que anuncian clarísimamente las Escrituras, y cuya sustancia ó misterio general me parece innegable. No obstante, aun en medio de esta ignorancia y obscuridad, en lo que toca al modo, yo pienso todo cuanto bueno puedo pensar, así en lo moral como en lo fisico y me estiendo cuando puedó * para lo cual me parece que me veo como convidado y aun escitado de las vivísimas espresiones de los Profetas de Dios. Mas despues de haber imajinado y pensado cuanto puedo, ó cuanto soy capaz de imaginar y pensar en el estado presente, no por eso creo haber pensado ó imaginado justamente; pues no ignoro que todas mis imaginaciones ó mis pobres ideas, las he tomado prestadas de todas aquellas cosas que hasta aora han podido entrar en la sustancia de mi alma por medio de mis cinco sentidos. Por tanto, me persuado, que las cosas andarán en aquellos tiempos de un modo mejor y mas perfecto de lo que yo he podido imaginar: pues al fin mis imaginaciones son tomadas del reino de los hombres, y aquel sera ya reino de Dios. ¡Qué diferencia! ¡Qué distancia!

342. Habrá pues, en este reino de Dios y de su Hijo Cristo Jesus (á quien dará entonces la potestad, y la hon

* Et quantum possum tantum audeo.

ra, y el reino: y todos los pueblos, tribus, y lenguas le servirán á él* :) habrá, digo, un gobierno, ó un órden admirable; por consiguiente habrá una gerarquia, así como la hay aora en la Iglesia católica y en cualquiera estado secular; con sola la diferencia bien notable, de ser entonces sin comparacion mas perfecta y mas conocida de todos: He aquí, que reinará un Rey con justicia, y los príncipes presidirán con rectitud. Y este varon será como refugio para el que se esconde del viento, y se guarece de la tempestad... El que es ignorante no será mas llamado príncipe: ni el engañador será llamado mayor †. Serán entónces ciertos y palpables los verdaderos límites entre el sacerdocio y el imperio los cuales en el estado presente han sido, son y verosimilmente serán ocasion de grandes dispu tas, sin esperanza alguna razonable de que se dé lo que no es suyo á alguna de las partes, pues entonces el sumo sacerdote Cristo Jesus será al mismo tiempo Rey sobre toda la tierra... y uno solo será el Señor, y uno solo será su nombre.

343. Habrá ciertamente leyes así eclesiásticas como civiles, y unas y otras sapientísimas y proporcionadas á aquellos tiempos. Estas leyes, segun lo que podemos colegir de las Escrituras, serán pocas y claras, comprendiendo no obstante muchísimo en pocas palabras. Fuera de las que son de derecho natural, comprendidas en el decálogo, ó en las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios vivo §, apenas se hallan en los Profetas, dos fundamentales

Potestatem, et honorem, et regnum: et omnes populi, tribus, et linguæ ipsi servient. Dan. vii, 14.

+ Ecce in justitia regnabit Rex, et principes in judicio præerunt. Et erit vir, sicut qui absconditur à vento, et celæt se à tempestate... Non vocabitur ultrà is, qui insipiens est, princeps: neque fraudulentus appellabitur major.—Isai. xxxii, 1, 2, et 5.

Rex super omnem terram :... Et erit... Dominus unus, et erit nomen ejus unum. - Zachar. xiv, 9.

§ Digito Dei (vivi). Vide Deut. ix, 10.

y generales á toda la tierra, es á saber: la prohibicion espresa y absoluta de toda especie de armas y de todo egercicio militar, de que hablan Isaías y Miquéas, y de que se habla en el salmo xlv y lxxv, y la ley importantísima de que se habla en Zacarías cap. xiv, y en otros varios lugares de la Escritura, como acabámos de observar en todo el capítulo antecedente. A las cuales se puede añadir la que se halla en el mismo Zacarías: que vosotros ameis la verdad y la paz*. Si la verdad y la paz se viesen alguna vez en la tierra practicadas universalmente entre todos sus habitadores, ¿qué mayor felicidad se puede imaginar? Es verdad, que aora tambien tenemos esta ley; masno es lo mismo tener una ley que observarla: Sed pues hacedores de la palabra, y no oidores tan solamente, engañandoos á vosotros mismos. Yo hablo aquí principalmente de leyes bien observadas. Aunque en las Escrituras no se hallan otras leyes conocidamente propias de aquellos tiempos; me persuado no obstante, que para el buen orden y reglamento así en lo civil como en lo eclesiástico de todo nuestro orbe, conforme este se fuere poblando, saldrá de Sión la ley, y la palabra del Señor de Jerusalén.

344. Sobre este testo: de Sión saldrá la ley, y la palabra del Señor de Jerusalén‡, y sobre su verdadera inteligencia ó sentido, veo, mi Cristófilo, que quedais no poco descontento. Volveis à insistir de nuevo en que se puede muy bien entender de la predicacion de los Apóstoles de Jesucristo, que salió de Sión y de Jerusalén, y de allí se propagó por toda la tierra. A lo cual os respondo en breve, que es cosa bien facil sacar ó arrancar una cláusula de la Biblia sagrada, y habiéndola separado enteramente de todo cuanto la precede y la sigue, acomo

* Veritatem tantùm et pacem diligite — Zachar. viii, 19.

+ Estote autem factores verbi, et non auditores tantum, fallentes vosmetipsos. -Ep. Jacob. i, 22.

Exibit lex, et verbum Domini de Jerusalem.

Isai. ii, 3.

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